Una lectura de José Iniesta Maestro (comentario publicado en Facebook el 5.04.26): «Pasear por sus versos cada vez más esenciales y desnudos hace que sienta su alianza más honda. Desde el símbolo del árbol, desde la contemplación del árbol, desde el eterno árbol que es el padre y el mundo, este poeta cuida y hace crecer otro árbol, el árbol fecundo e interior de la palabra. Porque la poesía y el árbol son lo absoluto, música que hunde sus raíces en las profundidades del alma, ramas que escalan en la claridad del cielo. Desde hace ya un largo tiempo yo también he contemplado cómo ha ido creciendo la poesía, el árbol de la poesía de mi amigo Javier Gilabert, y hoy celebro el árbol conformado y crecido, personal de su voz. Poesía nacida de la vida misma, desde la luz del amor, en el denso bosque de lo familiar, de las presencias y las desapariciones. Poesía que sabe fluir con músicas y silencios, sin desmesuras no retóricas, desnuda de sí misma y mínima como un clamor. Comprensión del devenir y desconcierto, asombro siempre de sabernos vivos y temblando, belleza que se eleva sobre sí misma para crear no sabemos qué que nos empuja a no sabemos dónde donde podemos acariciar lo sagrado, la música que se expande. En un árbol habita el todo, en su quietud y en el mismo lugar que lo sustenta está el sentido del bosque. En un poema también se puede condensar nuestra vida entera. Animo a leer El magisterio de los árboles porque su poesía la sentiréis cercana y comprensible, sincera y sin decoros, carne de vuestra carne, árbol de vida.»
