Manuel García Pérez firma esta brillante y completa. reseña de «El magisterio de los árboles» en la revista digital de cultura MUNDIARIO:

 

«Si hay una metáfora recurrente en el existencialismo es aquella que vincula el ser para la muerte con el bosque. Zambrano y Heidegger nunca cesaron de apostar por el símil hasta en sus últimos escritos. El hecho de estar vivo implica inexorablemente la muerte. Vivir sin la angustia es la aceptación que surge cuando el ser se abre al bosque.

En el claro, por los senderos, quizá, empieza uno a conocer la densidad que alberga lo desconocido, no con inquina, sino tal como es, pues así se manifiesta. Desde su sosiego, desde el sosiego de su emboscada: «Hoy todo aquí te nombra y te contiene». (pág. 21)

La lectura de El magisterio de los árboles (Renacimiento) sigue esa senda de ampararse en los resquicios de la luz aun siendo incapaz de arrostrar la complejidad de un lenguaje que escapa a nuestro propio lenguaje, al del uso, porque es el mundo en sí, en su epifanía de totalidad inescrutable, lo que permanece. Violento, fugaz, indecible, también ecuánime. El mundo que se puede sondear y surcar en parte, pero que queda lejos de la exactitud a la que quieren someterlo los sintagmas, los pronombres, la entonación, una alegoría: «Perseverancia: / con tiempo la raíz / rompe la roca». (pág.50). […]».

 

La entrevista completa, en este enlace.